El hilo dental, ese gran desconocido

Las estadísticas que manejan los colegios de dentistas a nivel mundial calculan que alrededor del 70% de la población no utiliza el hilo dental en su higiene bucal diaria, a pesar de que se trata de una de las herramientas más eficientes en la lucha contra las infecciones de las encías.

 

¿Qué beneficios tiene la utilización del hilo dental?

La gran ventaja del hilo dental es que consigue llegar a los lugares vetados para el cepillo de dientes, con lo que elimina todos los restos que éste deja. De esta manera consigue evitar que los restos se acumulen entre los dientes previniendo así de la aparición de cualquier tipo de infección posterior.

Por ello es recomendable utilizar el hilo dental después de cada cepillado para lograr una higiene bucal completa, y si esto no fuera posible, como consecuencia de las dificultades de la rutina del día a día, los expertos aconsejan que, al menos, se utilice una vez al día, preferiblemente por la noche antes de acostarse.

 

Pero, ¿por qué no utilizamos el hilo dental?

Esa es la gran pregunta que nadie es capaz de responder. La única respuesta plausible es por pereza. La población no utiliza hilo dental después del cepillado por la mera razón de que no tienen tiempo o no quieren encontrarlo.

Sin embargo, debemos de concienciarnos de la necesidad de incluir el hilo dental en nuestra higiene bucal, por nuestra propia salud ya que las complicaciones de una infección de encías son múltiples.

 

Y, ¿cuál es la forma correcta de utilizar el hilo dental?

Debemos de tomar un hilo que esté tenso y pasarlo suavemente entre los dientes. Es probable que al principio sangren las encías, pero este sangrado desaparece después de haber utilizado el hilo dental varias veces.

Este sangrado se debe a que, a pesar de que lo ideal es no tocar las encías, lo probable es hacerlo, ya que el hilo dental debe de llevarse hasta el final del diente, lo más cerca de las encías y el contacto provocará el sangrado.

Ten en cuenta, eso sí, que deberías de cambiar el hilo utilizado en cada nuevo tramo de dientes. Lo ideal es coger unos 40cms de hilo e ir cambiando el tramo que se utiliza en el contacto directo con los dientes, porque si no estaríamos únicamente cambiando los restos de lugar.

Diabetes y salud bucodental

Dientes y encías son una parte del cuerpo que sufren especialmente los efectos de la diabetes y, por lo tanto, su buen estado y su buen cuidado es aún más fundamental en las persona diabéticas. Existe una relación clara, directa y recíproca entre la diabetes y las enfermedades de las encías. No solo los diabéticos tienen más riesgo de sufrir una enfermedad periodontal – 3 o 4 veces más que el resto-  sino que la presencia de trastornos en las encías pueden identificar precozmente el desarrollo futuro de esta enfermedad.

El dentista puede contribuir al diagnóstico precoz de la diabetes y, con sus cuidados, ayudar al control de la enfermedad. Es importante acudir al dentista si se detectan síntomas como encías enrojecidas, inflamadas, sensibles o que sangran con facilidad. Un diabético que no se trata adecuadamente tiene una mayor susceptibilidad a las infecciones, boca seca, halitosis y retraso en la cicatrización de las heridas, entre otros problemas bucales.

Sufrir una infección en las encías, como la gingivitis o la periodontitis, también puede afectar a los niveles de azúcar en sangre. Por eso, tener unos hábitos de higiene dental correctos, puede ayudar a mantener una buena salud bucodental y a controlar la diabetes.

Las enfermedades periodontales son más frecuentes y suelen estar más avanzadas en diabéticos así que una buena higiene oral será fundamental para estos pacientes. La periodontitis puede ser un primer signo de diabetes y, si no se controla, puede hacer empeorar a la diabetes. Por otro lado, un buen tratamiento de las enfermedades de las encías puede mejorar el control de la diabetes.

El cepillo dental

Una buena higiene dental pasa por cepillarse los dientes a diario y, para ello, debemos usar el cepillo dental adecuado. No todos los cepillos son indicados para todo el mundo. En el mercado existen muchas variedades de cepillos, ya sean eléctricos o manuales, y sus características cambian en función de si son para niños o adultos, para personas que usan ortodoncia o que llevan prótesis dentales, etc.

El cepillo dental estándar, el cepillo manual de toda la vida, debe tener un diseño que favorezca una correcta higiene de todas las partes de la boca. Además de facilitar la limpieza de los dientes, el cepillo dental debe ser cuidadoso con el esmalte y las encías. Para los niños, el cepillo debe tener un tamaño adecuado al de su boca, sobre todo cuando todavía tienen los dientes temporales o de leche. En esta etapa, es recomendable utilizar un cepillo con bordes protectores en la parte de la cabeza para evitar que los pequeños puedan lesionarse la boca por un mal uso del cepillo o algún movimiento sin control. Las cerdas del cepillo deben ser muy suaves ya que las encías todavía son muy blandas. Y el mango debe ser antideslizante y ergonómico para facilitar el agarre incluso cuando el cepillo o la mano estén mojados.

Para los adultos, el cepillo debe tener la cabeza pequeña para poder acceder a todas las zonas de la boca y realizar una correcta higiene dental. Las cerdas deben ser flexibles, finas y de punta redondeada, y el mango largo, fino y flexible para que el cepillado sea más fácil. También es muy importante mantener el cepillo en buen estado y cambiarlo cada tres o cuatro meses o incluso antes si vemos que está muy deteriorado.

Cuida y protege tus encías

A parte de tener unos dientes fuertes y sanos, una buena salud bucodental pasa por tener unas encías sanas. Las encías también reclaman una atención especial a la hora de realizar nuestra higiene bucodental ya que en ellas se acumula sarro y placa bacteriana que pueden provocar una inflamación de las estructuras que rodean al diente. Si estas bacterias no se eliminan correctamente durante la higiene dental, se van acumulando entre el diente y la encía y acaban provocando una reacción inflamatoria. La inflamación de las encías, o gingivitis, es el primer síntoma de las enfermedades de las encías.

La gingivitis provoca el sangrado de la encía durante el cepillado, una hipersensibilidad dental y un color rojo más brillante de lo habitual en la zona. La inflamación de las encías suele ir acompañada de una infección que puede llegar a destruir el tejido en el que se soporta el diente. Las causas más habituales de la gingivitis están relacionadas con una deficiente higiene dental pero también con la alimentación, el tabaquismo y una cierta predisposición genética. Las enfermedades de las encías suelen ser hereditarias. Si la gingivitis no se detecta o no se trata a tiempo puede evolucionar a un estado más grave de las enfermedades de las encías: la periodontitis. Por eso, es muy importante acudir al especialista en el cuidado de las encías, el periodoncista, cuando aparecen los primeros síntomas.

La periodontitis causa la retracción de la encía y, con el tiempo, puede causar una separación entre ésta y el diente. Esta separación puede debilitar el hueso donde se soportan los dientes y acabar provocando la pérdida de las piezas dentales. La prevención, una revisión anual del estado de dientes y encías y una correcta higiene bucodental son las mejores armas para luchar contra estas enfermedades.