El esmalte de los dientes es el tejido más duro del cuerpo humano pero eso no significa que no pueda romperse. No es habitual pero puede ocurrir que, por un golpe o por morder algún alimento demasiado duro, un diente se rompa o se fracture por alguna parte. Cuando esto ocurre, no debe cundir el pánico. Hoy en día, la odontología dispone de muchos recursos para reparar un diente roto y recuperar la estética de la sonrisa. Así que, lo más indicado es acudir al dentista lo antes posible para evitar que el diente se pueda dañar más o provocar una infección que podría desencadenar en la pérdida del diente. Si el diente fracturado es un incisivo hay que sumergir el diente en suero fisiológico o leche e ir rápidamente al dentista y con unas técnicas avanzadas lo podrá recolocar en diente roto.

Si sentimos dolor podemos tomar un analgésico o antiinflamatorio y, a la hora de comer, elegir alimentos blandos e intentar no morder o masticar con la pieza rota. Si la fractura del diente ha dejado los bordes cortantes, debemos ser muy cautos para no lastimarnos también la lengua, el labio o la mejilla.

La reconstrucción del diente puede ser muy sencilla o muy compleja dependiendo del estado en que haya quedado. Si la fractura es pequeña, el odontólogo puede reparar el daño con un relleno o resina del mismo color que el esmalte. Si, por el contrario, se trata de un fragmento grande, se eliminar la parte restante y cubrir el hueco con una corona dental diseñada para proteger el diente y mejorar su apariencia. Una solución estética para un diente roto o astillado es una carilla dental. Se trata de una fina capa de porcelana o resina, del mismo color de los dientes, que cubre toda la parte frontal y que puede incluir con una sección más gruesa para reemplazar la parte rota de la pieza.

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