En Centro Dental Pedralbes podemos probar que, a lo largo de los años, nuestros pacientes prácticamente siempre presentan dudas acerca de las muelas del juicio. ¿Cuándo aparecen? ¿Por qué duelen? ¿Tengo que ir al dentista al sentir molestias? ¿La única solución al dolor es la extracción? E infinidad de cuestiones más. Todos sabemos que las muelas del juicio son aquellos terceros molares que erupcionan en la parte posterior de la mandíbula inferior y superior y que, al hacerlo, provocan fuertes dolores dentales. Pero hay muchos más aspectos que el paciente debe conocer.

Las muelas del juicio empiezan a salir cuando el paciente tiene entre los 18 y los 26 años de edad aproximadamente. En el proceso de erupción, los terceros molares tienen diferentes obstáculos y complicaciones que, generalmente, no les permiten completar el proceso con éxito. El principal problema es la falta de espacio en la cavidad bucal: las muelas buscan acomodarse pero no hay ningún lugar reservado para ellas. Atascos, superposiciones, impactos… Se genera el caos en el interior de la boca y también aparecen el dolor y las molestias.

La zona en la que erupcionan las muelas del juicio también es un problema en sí misma. En la parte posterior de la boca se termina la encía adherida y comienza lo que se denomina mucosa oral y de la garganta. Los tejidos blandos de la zona forman un capuchón sobre las muelas del juicio a medida que van erupcionando. Esta capa que envuelve las piezas es un nido de restos alimenticios y bacterias, que encuentran en ella un hábitat óptimo para su desarrollo y proliferación. Y cuando no se lleva a cabo una correcta higiene dental, el problema se hace aún más grave.

Todas estas circunstancias nos conducen a un mismo punto: la extracción de las muelas del juicio. Sin embargo, también hay una serie de medidas que aminoran el dolor del paciente hasta que el dentista lleve a cabo el procedimiento:

  1. Es preciso utilizar un cepillo dental de cerdas suaves y, al lavarse los dientes, pasarlo delicadamente sobre la muela con movimientos vibratorios.
  2. Después, se recomienda enjuagar bien la boca y hacer gárgaras con agua bien caliente. Enjuágate durante un minuto o dos.
  3. Tomar la medicación que te recetó el dentista. En estos casos, es común que los profesionales receten un antibiótico o analgésico-antiinflamatorio, además de un colutorio antiséptico. Es esencial que el paciente siga las instrucciones del dentista, puesto que son específicas para cada caso concreto.

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