En la sociedad de la imagen actual todos buscamos conseguir la mejor de las sonrisas, una sonrisa perfecta que cause buena impresión allá por donde vamos y que nos abra las puertas que tantas otras veces se nos habían cerrado previamente.

Y para ello parece evidente que la tonalidad de nuestros dientes es fundamental, ya que entendemos que unos dientes blancos son seña de unos dientes limpios y atractivos, mientras que unos dientes amarillentos son señal de que los dientes están manchados.

Eso hace que cada vez haya más productos blanqueadores en el mercado que ayudan a que podamos mantener nuestros dientes en el mejor estado posible de manera permanente y nos proporcione la confianza necesaria como para afrontar nuestro día a día.

En este mismo sentido, y para esas ocasiones en las que se necesita un paso más en el cuidado dental, se ha empezado a popularizar el tratamiento de blanqueamiento dental realizado por un profesional.

¿En qué consiste exactamente el tratamiento de blanqueamiento dental realizado por un dentista?

Generalmente es un proceso combinado que incluye la utilización de láser en la consulta del dentista de manera que va rompiendo todas las capas que se han ido formando encima del esmalte natural, generando la pérdida del color blanco de los dientes, y que se culmina con unos productos especiales que el paciente debe utilizar en su higiene dental habitual una vez que regresa a casa.

Con ello se consigue recuperar la tonalidad original de los dientes que será blanca o muy parecida a ese color. Sin embargo, hay que tener en cuenta que un proceso de blanqueamiento dental no consigue que los dientes se vuelvan blancos, sino que recupera el color original que tuvieran.

Es importante que el paciente tenga este concepto claro antes de someterse a este tratamiento para evitar que se pueda llevar a engaño y provocarle insatisfacción con los resultados obtenidos.

En definitiva, el blanqueamiento dental es la manera más rápida y eficaz para recobrar una sonrisa atractiva de una manera sencilla, aunque hay que tener claro que no siempre se obtendrá un blanco impoluto.

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