El miedo al dentista es bien sabido por todos, pero más aun en los niños. Pero, ¿todos los niños tienen miedo a ir al dentista? ¿Es un tópico expandido en la sociedad o es una realidad? Tenemos que empezar entendiendo algunos aspectos psicológicos que afectan a los más pequeños a la hora de acudir al dentista por primera vez y más cuando tienen que someterse a los tratamientos dentales.

¿Es normal que ocurra? Debemos tener en cuenta que el miedo y la ansiedad son reacciones normales, parte del desarrollo infantil. La edad de los niños es uno de los factores  más importantes de su conducta en la consulta dental, por lo que es importante acudir a un odontopediatra,  un profesional que conozca de primera mano los miedos y temores propios de cada edad para poder actuar como es debido en cada caso.

El miedo infantil tiene una serie de reacciones que son absolutamente normales por su todavía no adaptación a las diferentes situaciones, bien porque son directamente amenazantes o porque están asociadas a estímulos amenazadores. Esto significa que en todo miedo hay una parte “real” o lógica pero puede haber también otra “imaginaria” que sobredimensione el peligro existente. Generalmente la expresión “miedo dental” se refiere a una moderada tensión antes y durante el tratamiento pero que no le incapacita para recibir cuidado dental. En caso de agravarse el miedo pasa a considerarse “ansiedad dental”, cuando la aprensión es más profunda, o “fobia dental” en los casos en que imposibilita el cuidado dental.

La situación dental es una situación que no se puede comparar a la mayoría de situaciones cotidianas, ya que normalmente no existe esta reticencia. Existen algunos procesos odontológicos que pueden causar dolor u otras experiencias desagradables. Las respuestas de miedo o ansiedad se adaptaran a las experiencias anteriores de manera proporcional al peligro real. Cuando esto es así, consideramos la situación como normal, pero cuando son demasiado intensas e incapacitan al individuo para recibir tratamiento, consideraremos su comportamiento como fóbico.

Normalmente el “miedo dental” apacigua con los años pero también dependerá de la buena actuación de los dentistas, quienes deben tener capacidades retóricas y recursos suficientes para distender la situación en la medida que sea posible. En este sentido, los profesionales de Clínicas Dental identificamos los factores que contribuyen a aumentar el miedo para predecir qué niños pueden tener problemas y poder diseñar formas de tratamiento adaptadas. La visión del instrumental y los sonidos vibratorios son algunos elementos que suelen potenciar el miedo, por lo que intentaremos evitarlos cuando sea posible y lo creamos conveniente.

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